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Crisol Life

¿EL TIEMPO LO CURA TODO?

2021-05-02
cold snow dawn landscape

Hemos dicho muchas veces que, el tiempo, es el médico que cura las heridas del corazón. Sin embargo, ¿hasta qué punto esto es cierto? Es verdad que, cuanto más nos alejamos de un suceso, menos efecto tiene sobre nosotros, o, al menos, en un nivel objetivo. Podemos sentir dolor por perder a un ser querido y dentro de unos años, sentirlo por el recuerdo de la pérdida. El tiempo juega un papel regulador sobre la intensidad emocional para poder mirar con otros ojos lo que antes no podíamos ver, por la cantidad de emociones que se apelotonaban en nuestro pecho.

Otro punto positivo para el concepto del tiempo son las experiencias que vivimos según avanzamos en la vida. A más tiempo, más experiencias y, por lo tanto, más aprendizajes y estímulos que nos ayudan a gestionar el dolor. Entre esas experiencias, también tenemos todas las cosas que podemos hacer para enfrentar el dolor, para lo que necesitamos tiempo: hablar con amigos, visitar lugares, ir a terapia, canalizar el dolor de diferentes formas… Para todo ello sí, necesitamos tiempo, pero, ¿es el tiempo el que está curando realmente?

Cura más el amor que los medicamentos

Esta frase la escuché de un psiquiatra hace tiempo y que me resonó fuertemente con mi concepción de los procesos terapéuticos. Si diseccionamos la frase, lo que nos encontramos es que, la manera en la que el terapeuta se relaciona con la persona tiene mayor efecto curativo que los procesos bioquímicos de las pastillas. Esto quiere decir que, lo que hace una persona y, sobre todo, si lo hace con amor, es inmensamente más curativo que confiar en el tiempo. El tiempo ayuda, pero no cura, lo que le da el poder curativo es lo que hacemos mientras pasa el tiempo, cuando decidimos actuar en vez de encerrarnos en nuestro dolor, cuando hablamos en vez de callar lo que sentimos, cuando sonreímos en vez de rodearnos de lágrimas, etc. Son los momentos que vivimos durante ese tiempo lo que nos cura de verdad.

El poder curativo del tiempo

Como decía Einstein: el tiempo es relativo y, por ello, no podemos confiar plenamente en él. Otorgarle al tiempo el poder de curarnos, pone la responsabilidad de nuestro bienestar en algo externo a nosotros y, por lo tanto, dependemos emocionalmente de esa variable. Además, nos sitúa en un rol víctima, donde justificamos nuestra conducta porque sentimos dolor. En este caso, dejar en manos del tiempo la capacidad de hacernos sentir mejor, no es más que alargar nuestro sufrimiento. Algunas veces, el dolor se libera más rápido con una decisión que en manos del tiempo, como pude ver en este caso.

Caso de consulta: Pedro

Pedro es un chico de 17 años con gran energía, vino a mi consulta para mejorar su gestión emocional y lo ha conseguido con creces. Llevamos trabajando juntos casi un año donde ha mejorado mucho sus capacidades interpersonales e inteligencia emocional, además de conseguir una gran autoestima. Pedro tiene 2 hermanos y sus padres que están separados. La madre de Pedro tiene otro marido al cual, Pedro, lo considera su padre. La madre de Pedro ha pasado varios procesos de cáncer, lo que ha Pedro le ha costado sobre llevar, pero su fortaleza le ha ayudado a poder apoyar a su madre sin caer él mismo.

Durante nuestras consultas su padrastro cae enfermo de un cáncer terminal y en unos meses, nos deja. Pedro cogió toda su fortaleza para sobrellevarlo, para sonreír a pesar del dolor y no hundirse. Recuerdo que decía con una sonrisa nerviosa: “me duele mucho y lo echo de menos, pero la vida sigue, ¿no?”. Tenía las mismas ganas de ser feliz que de llorar la pérdida de su padre. Las 2 primeras semanas Pedro lo pasó realmente mal, le dolía enormemente y echaba mucho de menos a su padre. También, le daba al tiempo la fuerza para liberarse de su dolor: “Con el tiempo lo llevaré mejor”, pero, entonces, me preguntó: ¿En cuanto tiempo lo superaré? A lo que le pregunté: ¿Cuándo tiempo quieres tardar? Pedro se quedó callado y pude ver como se puso enfrente de su dolor y tomó una decisión muy difícil y valiente. Al mes de la pérdida, volvió a contactar conmigo ilusionado, contento, más sereno, aunque todavía con dolor, pero ya no era un dolor intenso, era mucho más liviano. Le pregunté qué había hecho y me contó: “te hice caso y tomé la decisión de enfrentar todo lo que sentía, me senté a solas y empecé a hablar con mi padre como si lo tuviera delante. Dije todo lo que sentía, estuve como 2 horas llorando sin parar, pero después me sentí calmado, ya no había nada que sacar. Fue lo mejor que pude decidir”.

Más tarde, pasados unos meses, Pedro hizo algunos actos en memoria de su padre, recordaba la pérdida y lloraba, como es normal, pero no volvió a sentir la misma intensidad de dolor. La intensidad de su duelo duró apenas 1 mes, no fue el tiempo quién le ayudó, él mismo tomó la decisión de actuar. Aunque es cierto que cada persona tiene su proceso y hay que tener en cuenta el caso individual de cada persona, Pedro me enseñó el poder emocional que tiene una decisión y cómo esta puede cambiarnos la vida. La fuerza que cogió de esta experiencia todavía le acompaña en sus retos personales y, emocionalmente, se ha convertido en un hombre más fuerte y decidido. Gracias a su decisión el tiempo fue mucho más corto que para los que de abandonan al paso de los días.